Decía Aristóteles que algo, sea lo que sea, es lo que es, cuando ha llegado a ser como debe ser, es decir, cuando cumple bien su función. Así, diremos que cualquier instrumento, es lo que es, cuando ha llegado a ser para lo que se ha hecho. Así, por ejemplo: un cuchillo es un buen cuchillo si corta bien, si no corta bien, no es un buen cuchillo, incluso diríamos que no sirve para ser cuchillo, por eso lo rechazamos y buscamos uno bueno que corte y haga por ello bien su trabajo.
Bien sabemos, claro esta, que el ser humano no es un instrumento para nadie, pues si así fuera seriamos rebajados a otra condición diferente a la humana. Pero si podemos decir que el ser humano es instrumento para si mismo, y que además la buena construcción de si mismo, y el buen desempeño o manejo de si mismo por uno mismo, es probablemente lo que nos hace estar, no por encima, ni por debajo de nosotros mismos, si no a nuestro propio nivel, en nuestro punto de madurez, en nuestro equilibrio mas sensato. Y esto es así, no solo porque una de las claves de la evolución humana (la interacción mano-cerebro) nos ha hecho, para bien o para mal, ser lo que somos, sino por una razón mas sencilla: porque un sujeto (un yo, una mente, un alma) no puede ocurrir sin estar engarzado en un objeto (un cerebro, un cuerpo, una materia). Y además podemos decir también, que cuanta mayor complejidad tiene ese sujeto, (ese yo, esa mente, ese alma), mas cerca del estado de ser humano se ha de encontrar.
Pero, ¿En que consiste esa complejidad?, ¿En que consiste ser un ser humano?
Ya hemos dado una respuesta importante: que un ser humano no puede ser nunca utilizado por otro que no sea si mismo. Esto indica algo muy especial y complicado que podríamos expresarlo diciendo que un ser humano es como un “nudo” que se da vueltas sobre si mismo, por eso es difícil de desatar para poder explicarlo. Ese darse vueltas sobre si mismo para anudarse, abrazarse, atarse o sujetarse, que tienen la mente con el cuerpo, las formas con la materia, el sujeto con el objeto, es lo que hace que el ser humano no solo sea conciencia, sino que llegue a ser también autoconciencia; y que no solo sea libertad, sino que llegue a ser también autenticidad. Es así como se muestra la misteriosa evolución del amor, y este es su enigmático proceso.
Podemos decir que el ser humano es un buen instrumento para si mismo si madura bien, si sirve bien a su función de ser un ser humano. Esa función consistiría en lograr un equilibrio entre el propio sujeto (su yo, su mente, su alma, sus conceptos, sus representaciones, sus pensamientos) y el siempre inestable mundo del objeto (del cerebro, del cuerpo, de la materia, de lo físico, y de todo aquello que nos presenta el mundo exterior, aquel que esta fuera de nosotros, y que seguirá estando ahí incluso cuando nosotros ya no estemos, ese que siempre se encuentra en continuo movimiento y que por ello nos crea inquietud, inestabilidad, contradicciones e incertidumbres).
En una frase: La función del ser humano consiste en lograr un equilibrio del mundo interior capaz de precisar lo incierto en ese siempre inestable mundo exterior...
Parece por lo tanto que la clave del buen funcionamiento de un ser humano ha de consistir en una interacción, en una relación de lo interior con lo exterior, en una construcción equilibrada de un interior o sujeto, en continuo choque con un exterior de objetos, esa construcción interior y ese choque exterior es lo que llamamos, sensaciones, percepciones, memorias y recuerdos, es decir experiencias de presencias exteriores pero representadas en nuestro interior, a través de un lenguaje, de una comunicación, como medio en el cual van anudándose cada vez mayor complejidad bajo la forma de pensamientos y de realidades, de palabras y de verdades o mentiras, todas ellas nos llevan a darnos “cuentas”, números, proporciones, y geometrías. A ser conscientes de la diferencia de perspectiva que hay entre nuestro interior al que llamamos: yo; y el exterior al que llamamos: mundo.
Mundo que también esta poblado de otros seres humanos semejantes a nosotros, que experimentan lo mismo que experimentamos nosotros en la búsqueda de ese equilibrio interior en lo inestable del mundo exterior. Es justo con ellos con los que ensayamos un acercamiento de deseos e intenciones, y de lazos de relaciones que llevan a través del lenguaje y de la comunicación a formar la cultura humana.
Podemos decir que el ser humano individual, a través del lenguaje es capaz de construir otro ser humano, al que podemos llamar colectivo por estar formado de muchos seres humanos en comunicación, y que seria algo así como el ser humano social de la cultura humana, y que a través de practicas de equilibrio colectivo que han demostrado que funcionan bien para el colectivo de seres humanos, hemos ido transmitiendo como tradiciones, aprendizajes y enseñanzas, entre nosotros y nuestros descendientes que se habrán de hacer adultos algún día en el que nosotros ya no estemos, un saber hacer autentico, que sirva bien a todos, y nos de a todos mayor seguridad, creando así leyes, normas, reglas de comportamiento y de técnicas de todo tipo.
Podemos decir que las técnicas mas importantes a transmitir, son las técnicas del buen uso de nuestra libertad, es decir, las técnicas del buen uso de nosotros mismos por nosotros mismos, y de nuestro saber bien que es lo que debemos hacer de nosotros (sujetos) en ese mundo exterior tan difícil por inestable y fugaz, que se nos presenta amenazante y violento.
Hemos visto lo importante que es la transmisión a través de la educación de lo que hemos llamado: “técnicas de libertad” que hemos aprendido social y culturalmente que nos han servido bien y nos han hecho individual y colectivamente mejores. Fundamentalmente esa instrucción consiste en lo que podemos llamar “ser coherentes”.
La coherencia en la educación es cuando un ser humano ve (verifica) que aquello que dice y aquello que hace es verdaderamente lo mismo. Esta coherencia entre el decir y el hacer es lo que se experimenta como un buen ejemplo. Y allí donde hay buen ejemplo por parte de quien enseña, hay buena fe por parte de quien aprende. Solo si hay buena fe, hay buena creencia, y es así la única forma que tiene quien aprende de creer en quien enseña y en aquello que enseña.
Pues bien, solo si hay deliberación, autoconciencia, reflexión, auto dialogo, puede haber prudencia, y solo así se es capaz de construir virtudes, pues solo a través del habito de la virtud se puede decidir bien sobre las cosas, de tal manera que los deseos y las intenciones estén integrados equilibradamente con la realidad, de lo contrario, construyendo vicios, al no haber prudencia, no se decide bien sobre las cosas, y solo se logran obtener deseos sin realidad, puro viento, pura inquietud vacía, incapaz de lanzar nada hacia ningún horizonte, incapaz de lanzar nada como proyecto hacia ningún sentido.
Solo cuando los deseos están bien equilibrados e integrados con la realidad aparece la Autonomía en el ser humano, como su primer gran logro de madurez y de buena navegación. Y solo cuando los deseos no tienen realidad y son verdaderos fantasmas, aparece la Envidia , como la primera consecuencia de la inmadurez y de los primeros naufragios.
Cuando hay autonomía se es capaz de elegir y de autoelergirse. Cando hay envidia nunca uno elige por si mismo, siempre serán los otros los que elegirán por él, él solo deseara sin realidad lo que otros han elegido.
Cuando uno es autónomo, también es capaz de criticar la realidad y de hacer crítica constructiva consigo mismo, pues hay libertad en sus elecciones y además estas son razonables, pues hay responsabilidad.
Cuando no hay responsabilidad uno no es capaz de cuidarse a si mismo, pues al no ser autónomo, las envidias le impiden ser libre dado que es esclavo de deseos sin realidad, la envidia es capaz de ir destruyendo al si mismo, pues al no tener nada que lanzar hacia el horizonte de la propia vida, los intentos por proyectarse hacia el futuro fracasan una vez tras otra, y la propia vida acaba apareciendo como una pesada carga sin sentido, donde lo mismo vuelve siempre a ser lo mismo, y en vez de autenticidad solo ocurren automatismos, incontinencias y violencia. Ante esto, el ser humano se vuelve incapaz de actuar, se angustia, solo encuentra absurdo, pues no halla sentido en la realidad, y es así como, o suele “tirar la toalla” o se refugia en mundos cada vez mas irreales.
Cuando por el contrario sabe conducir la propia vida, se es capaz de actuar para conseguir metas, pues el encontrar sentido en la realidad solo se logra si se va construyendo con esfuerzo día tras día, con paciencia, con contención, modestia, honradez y temple. Siendo solo así que los actos alcanzan a tener fortaleza y consistencia. La persona que progresa, no se esconde, pues solo los navegantes que no se pierden saben mantener el rumbo, y ese rumbo es solidario con los demás seres humanos, pues hay madurez y claridad, no hay confusión, ni ignorancia, pues se guarda un saber razonable, que a su vez da confianza y seguridad, alegría y ganas de vivir. Las personas que saben construir felicidad a su alrededor, son generosas y saben compartir, pues dan de si el segundo gran logro de la madurez:






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